René Escobar Fiscalista y la utopía de un mundo mejor

Lo que para muchos es una carga molesta, para René Escobar Fiscalista es una gran satisfacción ser participe en la formación de cientos de sonrisas en niños enfermos o en personas necesitadas. Más que compromiso cumplido, la filantropía debe de ser un ejercicio placentero que engrandece al ser humano.

Ayudar a labrar un mundo mejor no tiene por qué ser una molestia ni un pretexto, lo único que se necesita son las ganas de poner un granito de arena hasta alcanzar la extensión de una vasta playa de esperanza. René Escobar Fiscalista es uno de esos hombres comprometidos con la situación de México y del mundo, forma parte de un consorcio de exitosos empresarios que se han dado el tiempo para dar lo mejor de sí a los demás.

Es de todos conocido que las primeras civilizaciones en la humanidad fueron labrándose poco a poco entre el apoyo mutuo de un grupo pequeños de gente que escapaba de las inclemencias del clima, de los depredadores o en busca de alimento. Lo que nos enseñan nuestros ancestros aún en nuestros días, pasados miles de años, es que con el trabajo colectivo se pueden lograr grandes transformaciones y de que el éxito en solitario es sólo una quimera: quien la persigue sin ayuda, corre el riesgo de perderse, de caerse en medio de un bosque sin nadie a su alrededor para prestarle auxilio, está en un peligro mortal latente.

Si dar cuando a nosotros mismos nos hace falta, es una virtud; disfrutarlo porque en ello sabemos bien el beneficio es siempre compartido, no tiene sin igual. Personas como René Escobar Fiscalista son muestra de que las personas buenas son mayoría, y la mayoría es más fuerte porque construye mejores oportunidades de desarrollo para más personas, da lugar a una calidad de vida más digna, lo que a la postre se traduce en felicidad y bienestar.

Sin importar el grueso de los ingresos económicos, ni el estatus social; no importa a qué te dediques, de dónde vengas o cuál sea tu historia; cuando unos con otros colaboran entre sí, la cadena social se hace más fuerte y somos más los que miramos hacia adelante no sólo con las mismas expectativas, sino en igualdad de posibilidades. De la misma forma que el niño protagonista del film de 2000, Pay It Forward, nos mostró, recibir un favor no es un privilegio sino una responsabilidad para con los demás. Si todos hiciéramos un ejercicio similar, siempre había gente dispuesta a tender la mano y el sufrimiento se apaciguaría, aunque sea por un instante.